Rachele Richey llevó a cabo el camino que muchos pornófilos soñadores desearían que se diese más a menudo: una modelo de pasarela, participante en multitud de certámenes de belleza en su polvorienta Texas, enchufándose colágeno en los labios y arrancándose prendas de ropa para arrojarse a los brazos del porno. Y no del softcore, precisamente: hace unos días la voluptuosa rubia pasó por tercera vez por la armería de San Francisco, propiedad de Kink, para hacer algo tan distinto a los dos lésbicos que había realizado allí hasta hoy como es un gangbang extremo de los que pocas starlets son capaces de soportar.

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