Conocer El Follovolumen trae una serie hábitos de los que casi ninguna ha podido librarse. El primero de todos, esperar que la gente de Cumlouder vaya a aparecer con una furgoneta así por sorpresa mientras pasean por la calle. Tras el primer momento de sorpresa las guarrillas aceptan subirse, la curiosidad les pica tanto como el chichi y no pueden resistirse al morbo que da follar mientras El Follovolumen se mueve por Barcelona. Una vez cumplidos estos dos trámites el último y más importante es que como el vidrio, hay que retornar a las chicas usadas para su posterior reciclaje. Si vinieron de la calle, a la puta calle van a volver.
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