Blaze Rager es otra argentina más que despunta en el campo amateur gracias a sus desparpajo y a sus esplendido cuerpo natural, que ha servido de lienzo para que un tatuador plasme un buen número de obras, dibujos o pintarracos, según el prisma con que se mire. El caso es que de ese excitante lienzo de piel destaca su trasero colosal, al que no duda en someter a intensos sondeos que se dedica a grabar para poner palote al personal y sacarse unas buenas perras. El hartazgo por la clase política argentina de cualquier color es mayúscula, pero de lo que no se cansa nadie es de sus magníficas mujeres.

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